
Kill Bill - Vol. 1 de alguna manera, y como fue comentado en la entrada pasada del especial, representaba una mezcolanza de géneros donde predominaba la intención de Quentin Tarantino de resaltar su homenaje hacía el cine de Kung Fu, y es justamente en Kill Bill - Vol. 2 donde ocurren cosas totalmente dispares a su antecesora, conformando un díptico fascinante y dispar.
Un western con katanas, entierros y golpes mortales
Kill Bill - Vol. 1 es un film de Kung Fu, más allá de contener extractos de otros géneros, pero en cambio Kill Bill - Vol. 2 es un western puro y duro, aunque también contenga elementos que no pertenezcan al querido género de vaqueros. La foto que ilustra el comienzo de este análisis podría ser un plano firmado por John Ford en la brillante The Searchers con John Wayne como protagonista, pero no, ese enfoque pertenece a Quentin Tarantino en lo que marca el comienzo de esta segunda parte con una Betrix Kiddo radiante y panzona a mitad de camino de encontrarse con Bill. Aquí, en los primeros minutos de la cinta, Tarantino nos demuestra que la acción no correrá con el mismo caudal en esta segunda parte, ya que si recordamos el inicio de Kill Bill - Vol. 1 nos daremos cuenta que difieren en absoluto en su calidad ritmica, aunque siempre es bueno mencionar que una no es mejor que la otra, simplemente son distintas.
La elección de las locaciones no son una casualidad, ya que todas están rodeadas por áridos paisajes que corresponden mucho más a una obra del oeste que a los escenarios escogidos en su antecesora desmarcando totalmente una de la otra nuevamente.
El western posee códigos que no pueden ser rotos y es por esto que para Tarantino era imposible adaptar el vertiginoso ritmo y las largas secuencias de luchas a la idea que él tenía como culminación de la venganza y es justamente por eso que Kill Bill - Vol. 2 representa una segunda parte mucho más pausada, más dramática y mucho menos cargada de momentos de acción.
Recordemos que Quentin es un gran transgresor y lo es a tal punto que pudo llevar adelante un western sin vaqueros y casi sin armas de fuego, algo que había hecho antes Akira Kurosawa en Yojimbo o Los 7 Samurais.
Los personajes y sus sentimientos
De alguna manera siempre me pareció que Kill Bill - Vol. 2 se encargaba de narrar y desarrollar mucho mejor los sentimientos de los personajes, algo que en la primera parte no se encuentra tan a flor de piel como en la que aquí nos ocupa. Tarantino usa la puesta en escena para sacar a relucir las miserias, los sentimientos y los rencores de las figuras que van desfilando por el set de Kill Bill - Vol. 2. y esto ayuda terriblemente a comprender sus motivaciones, y hasta sentir una especie de justificación en sus actos ya sea por celos, superviviencia, envidia, etc. Todo está expuesto en esta segunda parte.
¿Qué se puede decir de la labor de Uma Thurman? Muchas cosas ya que Kill Bill es lo que es gracias a la excelente dirección de Tarantino, pero también gracias a la espectacular actuación de Thurman. Sin dudarlo un segundo creo que lo más destacable que ha hecho la hermosa asesina es lograr conformar en el mismo papel la violencia, el odio, el amor y los distintos sentimientos que afronta su personaje con total soltura y naturalidad, señalando la brillante convivencia del final donde asesina a Bill para convertirse en la madre que nunca tendría que haber dejado de ser.
La música, un nuevo apartado brillante en su filmografía
A lo largo de su filmografía Tarantino nos ha deleitado con soundtracks fascinantes como el de Pulp Fiction o Death Proof (que será la encargada de protagonizar la próxima entrega de este Especial), donde todas las canciones se encuentran totalmente "contamindas" por el tono que posee la historia, y esta segunda parte no es la excepción. Nuevamente Quentin dota a una obra suya con piezas musicales inolvidables como Malagueña Salerosa (encargada de cerrar el film brillantemente), Bang Bang o Urami-Bushi que terminan elevando la potencia visual y dramática de las escenas.
La pelea final y el drama por sobre la acción
Sin dudas otra transgresión es la culminación de la batalla final, donde este gran director le otorga a la escena un valor dramático y poético brillante, dejando de lado la espectacularidad que uno suponía que debía tener una pelea así, y sobre todo teniendo en cuenta lo que habían sido los otros combates. Pero de alguna manera ese escueto y hermoso enfrentamiento tiene sentido porque Tarantino opta por desmarcar el combate de Kiddo y Bill por encima del resto pero no haciendo lo que hubieran hecho otros directores (doblando la apuesta en acción y coreografías), sino dandole un peso narrativo más importante y dramático que encaja a la perfección con el espíritu de esta segunda parte y del díptico completo.
Quentin Tarantino nos regala una verdadera gozada de sangre, violencia y drama separada en dos partes tan distintas como fascinantes y es justamente allí donde se encuentra el núcleo de por qué las Kill Bill son tan adoradas por el público y sus admiradores, entre los que me incluyo obviamente.
No quería despedirme hasta la próxima entrega de este especial sin mencionar que seguramente en los próximos años tendremos que analizar también lo que será la tercera parte de Kill Bill, ya que es un proyecto que Tarantino jamás se ha encargado de negar y que hasta incluso si analizamos que en su venganza, Beatrix, dejó con vida a un sobreviviente en cada enfrentamiento, ya tenemos a varios enemigos y hasta al argumento que promete una lucha entre la hija de Beatrix Kiddo y de Vernita Green.